Solíamos pensar que nenas éramos… ella decía que quería tener bebes y una linda-familia-feliz, yo deseaba ser independiente y libre.
Hablábamos del futuro, de qué pasará cuándo tuviésemos veinticinco años… ella se veía trabajando, pololeando y con expectativas de casarse, yo no me veía en nada.
Una tarde de primavera, un chico se nos acercó y mirándome fijamente dijo ¿quieres ser mi dulce septiembre?
Recordé aquella película que hace tiempo habíamos visto, donde la nena finalmente muere y su historia de amor era lo suficientemente triste como para responder “si” a tal pregunta.
Muerta de miedo, le dije que no. Él, con ojos nostálgicos sólo sonrío
- Se fue el amor de tu vida - me dijo.
- ¿Tú crees? - respondí.
- Si, a caso no notaste que te desarmó con su sonrisa!. Era eso que esperabas que un nene hiciera cuando teníamos veinte… desarmarte y llevarte a tu no-lugar.
Mi nene imaginario!
