viernes, 5 de octubre de 2007

Blancas amapolas

Estabas cansado, no sé de qué… intentaste enfocar tu mirada pero no podías, tome tu mano y te llevé adonde me pediste.
En el camino me hablaste de tu ansiedad, de los miedos y de tus huidas… y me detuve, esto también era una huída y ya estaba cansada de que lo hicieras, insististe y no atiné más que a abrazarte, no podía dejar que escaparas de esa manera nuevamente…
Intenté convencerte de que el lugar donde te llevaría era mucho mejor que el que proponías, pero estabas tan inmerso en ti que no entendías nada, tu obsesión por llegar a ese lugar te tenia obnubilado, ¿Cómo llegamos al mar en santiago?
Sabía que estar en la playa era tu vía de escape más querido, pero no podíamos, con solo trescientos pesos en mis bolsillos y una mochila cargada de tus ansiedades, no podíamos!

Inventé una historia mientras viajábamos en la micro, te dije que estábamos en estación central, que tomamos un bus con dirección a la playa que más adoras, que a tu lado había un niño haciendo muecas y su madre hacia burbujas para reventar… reíste cuando el tío de los cuchuflís te regaló uno bañado en chocolate.
La verdad era que íbamos dirección a mi no-lugar, a tu lado había un niño llorando porque su madre no le compró el aparatito para hacer burbujas y el tío de los cuchuflís era un hombre cansado y borracho que te ofreció cerveza.
Cuando nos bajamos corriste en la misma dirección que siempre lo haces, te detuviste y me miraste anonadado… (no, no hay mar)… observaste a tu alrededor y no lo podías creer…volviste nuevamente tu mirada a mi, y susurraste: “un mundo lleno de blancas amapolas para mi!"

No había visto esa cara desde que fuimos a la playa por primera vez, sabia que estabas cansado y que tenías muchos problemas… pero era mejor llevarte a mi no-lugar… te hice un chocolate caliente y te recosté en mi cama. Te quedaste quieto, no lo podías creer ¿de donde sacaste tantas amapolas blancas? me preguntabas… la respuesta no existía, lo importante es que eran para ti!
Cerraste los ojos y me quedé cuidándote. De lejos miraba tu mochila, cuando nos vimos me pediste que la botara, que incluso la quemara, pero no lo hice, la cargue toda la noche por ti… quería abrirla, quería solucionar tus problemas, eliminar esos miedos y ansiedades que pierden tu mirada. No lo hice, no lo hice, no lo hice… sólo te regalé mis blancas amapolas.



2 comentarios:

Lorenauta dijo...

Uyyyy Fa....tu blog demasiado acogedor...

me siento niña otra vez al leerte...una sensación rara y exquisita...
así como contenida...
¿será que por que me identifico con los personajes a los que les hablas en vez de hacerlo con el que le habla a un otro?

bueno...es la misma sensación que cuando me has cuidado o contenido en nuestras conversaciones...gracias por aquellos momentos, que revivo al leerte...

un abrazo Fa...

PD: ahora te siento más tú en el blog....no se por qué será...

Nos vemos

Anónimo dijo...

esa mala costumbre de cargar mochilas ajenas... ¿será una de las tantas consecuencias no deseadas de nuestra profesión? ¿habrá una pastilla para el día después de que escuchamos problemas? creo que se me ocurrió una gran idea para postear...

un beso
menzo... recuerda el drink del jueves