Caminaba casi inconsciente por las calles, tenia puesto su mp3 y tarareaba a ratos “me siento tan laxo me siento mareado… el olor clandestino se desvanece… cerrá la escotilla nena que no hay gravedad, afuera oigo truenos lejanos y el mundo al revés… te amo”. Parecía en otro planeta, sus manos se movían como si tocase algún instrumento, del más allá, pero que al parecer estaba más acá de lo que me imaginaba.
Yo escuchaba música también, pero dejé de hacerlo cuando noté su mirada perdida en una esquina del metro… había melancolía y mucho placer de sentirla por lo demás, parecía solo, o más bien inspiraba soledad, de esa que a ratos da pena pero que después a la larga, se empieza a disfrutar… y fue ahí cuando comenzó toda mi observación… no había nada que hacer en el día, o mejor dicho no tenía ganas de hacer lo que debía hacer, y me propuse observarlo hasta que me aburriera o hasta que me dejara de gustar… porque algo tenía que me atraía… y claro, mirarlo a los ojos fue casi como la melodía del mejor acorde, así como un re menor.
Se bajó en universidad católica, tomó la calle Lastarria, sacó un cigarrillo y lo prendió… tardó en fumar, y qué olor tenía aquel cigarrillo, que de tabaco no tenía nada, sumado a aquel exquisito aroma a café que ronda por esos sectores de Santiago. Continuaba caminando, ensimismado, si parecía que la gente no existía para él… y cuanto quería yo que existiese! Que mirase por lo menos hacia atrás para poder ver nuevamente esos acordes en su mirada! Continuó hacia el Forestal, se sentó en una banca y tranquilamente esperó… o quizás contempló… porque nadie llegaba… y daba la casualidad que ambos estábamos sentados frente a frente, ambos solos, ambos escuchando música… con la diferencia que yo pensaba en él (y me hacia como la que esperaba a alguien) y él lo más seguro estaba esperando a alguien.
Atardecía, los niños entraban a sus casas a tomar once, los extranjeros tomaban cafecito con algún pastel y los típicos adolescentes del forestal se embriagaban con infinitas chelas… el cielo enrojecía, la brisa se enfriaba y yo aún no me aburría.
Él continuaba ahí, pensando, muy tranquilo… la ventaja de la posición que adopté es que le podía mirar siempre sus ojos, y cuanto me encantaban! Pero no me atrevía a decirle nada, ni siquiera a pedirle fuego, porque esas son las técnicas que comúnmente se deben aplicar, pero no venían al caso, como tampoco venía al caso que me acercase porque sí, resultaba forzado y más aún, cuánto me avergonzaba.
Decidí irme, pese a que no me había aburrido ya era suficiente, esa mirada ya la había guardado y me alimentaría de ella por un tiempo más… y que mejor regalo de un martes trece, de esos que dicen que son de mala suerte!
Me levanté, caminé hacia la Alameda y esperé…
Estaba en el metro, de pronto la vi… era pequeña o quizás se veía pequeña, escuchaba música en su mp3, algo hacía con sus dedos, parece que algo imaginario tocaba… miraba hacia fuera del vagón, algo perdida, abstraída, se dio vuelta y la ví… nos alcanzamos a ver, lo sé, quería continuar mirándola pero era muy evidente, ella parecía muy indiferente, un poco ruda, pero no podía ocultar su ternura en la mirada, si hasta te acariciaba con esos ojos… intenté pensar rápido, de donde vendrá, a donde se bajará, su vestimenta era como de esas nenas de las que va al forestal, y por lo demás, si se bajaba ahí, el parque es un buen lugar para invitarle un helado, inventar una excusa para hablar, pedirle fuego en la vereda y como mínimo registrar una vez más su mirada.
Me bajé en el metro católica, miré hacia atrás pero no caché si se bajó, se perdió… bueno filo, no hay nada que hacer, en realidad no quiero hacer nada, así que por último me quedo a pasar el día en el parque… martes trece, un buen día para fumarme la colita que me queda…
Y está al frente, ¿pero cuándo apareció? ¿cuándo se bajó?...lo más seguro es que está esperando a alguien, pero bueno, de aquí por lo menos veo lo rica que está…
Está sola, no llega nadie, la habrán dejado plantada! Pobre, y si me acerco a conversar… ya filo, si nada se pierde! Puta la wea! Demasiado tarde, la nena se va…
